2 abr. 2010

Hablando sola


El rap entró en mi vida hace mucho tiempo. Era una época convulsa, por el propio hecho de que era una adolescente, pero también por las cosas que me pasaron por aquel entonces. Mi edad es el mayor ejemplo de que el rap es algo más que música para niños violentos y machistas. Pero ese no es el tema.
Lo que sí tiene que ver con esto es que el rap es una música (algo más que música) que engancha. A mí me enganchó por múltiples razones derivadas de sus letras. Una, quizás la más importante, fue la afirmación de la soledad. No había escuchado nunca canción alguna que hablara abiertamente de la soledad, del sentimiento de aislamiento, frustración, y de la causa o la consecuencia, según se mire, de la soledad: la incomprensión.

Frases como “solo contra el mundo y sin nada que perder/ con alma de vagabundo y con mucho rap que hacer”, “olor acabado, corazón deshabitado/ con conciencia borracha de vino y con el destino fumado”, “mi madre dice que no hago arte/trabajo para demostrarle que sí;/ y sí, sería más fácil ser normal, pero ¿qué le voy a hacer si ya no hay marcha atrás?” o “sin saber la verdad de la vida, no hay certezas/sólo hay soledad y algo sólido es corteza” fueron las que me conquistaron. Ya no pude escapar.


No sólo las letras o canciones enteras hablan del tema, sino que muchas de las portadas hacen referencia a la soledad del artista, a ese sentimiento común de sentirse incomprendidos, a su melancolía, a su romanticismo, a su aislamiento en la gran urbe, a su incomunicación.

Es cierto que el rap exalta muchos valores que comparto: la libertad, la crítica, el razonamiento, el inconformismo… También el arte como arma, la expresividad, la creatividad, el respeto, la paz, la denuncia de las injusticias… Sin embargo, esa defensa o esa afirmación de la exclusividad de las personas como entes individuales, frente a la idea generalizada y alienante del populacho como masa manipulable fue una de las ideas fuerza que más me caló. Títulos de discos como “Yo soy alguien/ Bombo clap”, recuerdo ahora mismo.


A L.E. Flaco lo conocí poco después de entrar en el rap. No me llamó la atención. Era uno más. Conocía sus maquetas con Underground Sensse y la suya en solitario titulada Misericordia (2004). 




Hablando solo fue la canción que más me gustó de esta grabación. No sólo me gustaba, sino que explicaba a la perfección el sentimiento de soledad que sentimos todos, aunque vivamos rodeados de otras personas. La insociable sociabilidad kantiana. “El hombre nace y muere solo”, apunta en el estribillo, una idea antediluviana, pero reformulada para la canción.  El rapero hispano-argentino le da una vuelta de tuerca. A partir de ahí se ganó un hueco en mi música.

La letra de esa canción era única, pero no sólo en ella tocaba el tema. En Atlántida, otro de los cortes, explica precisamente el origen de “La Especie”, cuyas iniciales componen la primera parte de su nombre (L.E. Flaco). A partir de la idea de Atlántida, la isla desaparecida o irreal descrita por Platón, L.E. Flaco forma una historia que narra la huida de parte de los habitantes de ese lugar, la verdadera especie: La Especie. Ahí vuelve la idea de soledad. 


Las innovaciones formales que supuso La Especie (2006, Thot Records), su primer disco en solitario, son innegables. Pero el tema reaparece con fuerza en canciones como “Naces, creces, te reproduces y mueres”. Sobre las peculiaridades del disco: L.E. Flaco es el primer rapero que se atreve a hacer una fusión de rap con un chotis madrileño, cada canción aporta una novedad formal, las voces femeninas son indispensables, así como los scratches de lo más variopinto y las colaboraciones acertadísimas. Destaco en este sentido la canción “Gira el tambor”.

En La vida sin dios, su último maxi, fechado en 2009, retoma la preocupación por el progreso sin sentido, la evolución negativa de muchos aspectos de la vida… Ese mismo año sale a la luz el último disco hasta ahora: Creactividad.


De su escucha, se deduce que además de ser uno de los MCs más despiertos y críticos del panorama nacional, tiene una enorme preocupación por la experimentación y la renovación musical del rap. Podría hablar durante horas de este Long Play. Sólo nombraré, en este sentido, una sola canción, la que da título al disco. ¿Cómo describirla? Elegante y cuidadísima letra, formalmente: rapeadas cada vez más rápidas para terminar en una apoteosis casi orgásmica.

Creactividad también alberga una sorpresa: una nueva versión del legendario track Hablando solo. Más lenta. Con guitarra española, instrumentos de viento y piano en la música. Pero la eterna idea de la soledad sigue ahí.


Ahora el rap ha puesto sus miras en lo material, más que nunca, en la exhibición de las posesiones, en los logros gracias al hip hop, en el dinero. Puede parecer un tópico, pero las portadas, como en el caso anterior, lo demuestran. El primer disco de estudio de los sevillanos SFDK refleja a dos chicos curiosos mirando inquisitivos al potencial oyente del disco. La portada de Siempre Fuertes 2, su último disco hasta la fecha, muestra unas deportivas gastadas, una cinta, una cadena de oro, una caja de vinilos…

No olvidemos que los anuncios, las vallas publicitarias, las películas comerciales, los coches, los discos como posesiones físicas, las alhajas, las bambas… tienen una razón de ser de mucho peso: su misión es hacernos creer en una felicidad tangible y material y, consecuentemente, hacernos olvidar lo solos que estamos en este mundo. Algunos, como L.E. Flaco, todavía son conscientes de ello. Y nos lo gritan disco tras disco.

tOrMeNtA

1 comentario:

Hakka dijo...

Nach dice también algo así como que "con todos los que somos y aún hay gente sola". Es verdad, es lo más frustrante y desazonador sentirse solo entre gente.
Muchos raperos se les nota ese tono de soledad, de apartados, un poco por voluntad propia y otro poco por rechazos. Véase Korazón Crudo con su "Último romántico" o Xhelazz con "El soñador elegido".

Pero no todo es negatividad. Hagamos caso a Juaninacka y sepamos que "tu soledad y mi soledad pueden hacerse compañía"
;)